Millones de personas sufren gingivitis en todo el mundo. Después de la caries, es una de las enfermedades bucodentales más extendidas. Te vamos a explicar cómo se trata y, mejor aún, cómo prevenirla.
Según datos de la Asociación Española de Periodoncia y Osteoingtegración, SEPA, de los que se hace eco la revista Gaceta Dental, aproximadamente, un 90% de la población sufre gingivitis en algún momento de su vida. La Organización de Colegios de Dentistas de España tiene registrados 8 millones de adultos que tienen alguna enfermedad periodontal. Casi 6 millones tendrían gingivitis y algo menos de 2, periodontitis, una complicación de la gingivitis. Probablemente la cantidad de enfermos sea mucho mayor, pero mucha gente tiende a no tratar estas enfermedades pensando que son pasajeras.
Nada más lejos de la realidad. Una gingivitis no tratada evoluciona lentamente a una periodontitis. Y esta, a su vez, produce, entre otros problemas, la caída de los dientes naturales. De todo esto, hablaremos más en profundidad a lo largo del artículo.
Una de las primeras señales de que padecemos gingivitis es que nos sangran las encías al cepillarnos los dientes. Esta debería ser señal suficiente como para comentar el problema con nuestro dentista de cabecera. Pero no lo solemos hacer así, le restamos importancia. Las enfermedades en las encías, como sucede con muchas otras enfermedades bucodentales, son más fáciles de curar cuando se cogen al principio.
Las encías son una de las partes olvidadas de nuestra boca. Le prestamos bastante atención a nuestros dientes. Que si no son lo suficientemente blancos, que si no están alineados, que si nos duelen las muelas. Tan importante como preocuparnos de los dientes es ocuparnos de nuestras encías. La gingivitis y otras enfermedades periodontales se pueden evitar. Te contamos cómo.
Qué es la gingivitis.
Antes de entrar a ver cómo prevenirla o cómo tratarla, vamos a detenernos en considerar qué es la gingivitis.
La gingivitis es una inflamación de las encías que aparece, en la mayoría de los casos, por la acumulación de placa bacteriana alrededor de los dientes. Esta película se forma constantemente a partir de bacterias, restos de alimentos y sustancias presentes en la saliva. Cuando no se elimina correctamente mediante la higiene diaria, puede endurecerse y convertirse en sarro, que se adhiere especialmente a la línea de las encías y facilita la proliferación de microorganismos.
El síntoma más característico de la gingivitis, como señala la web Medline Plus, es el sangrado durante el cepillado o al utilizar hilo dental. También pueden aparecer encías enrojecidas, inflamadas, sensibles o con un aspecto más brillante de lo habitual. En ocasiones, incluso puede producirse mal aliento. Aunque sus síntomas pueden parecer poco importantes, la gingivitis no debería ignorarse, ya que una inflamación en las encías no tratada puede favorecer la aparición de problemas más graves.
Durante el embarazo, como indica la página web profesional Perioexpertise, las encías pueden volverse especialmente sensibles. Los cambios hormonales modifican la respuesta de los tejidos gingivales frente a la placa bacteriana, haciendo que puedan inflamarse y sangrar con mayor facilidad. Algunas embarazadas también experimentan cambios en la producción de saliva, lo que puede alterar el equilibrio de microorganismos de la boca.
Durante la gestación, el aumento de hormonas como los estrógenos y la progesterona modifica la respuesta de los vasos sanguíneos y de los tejidos que rodean los dientes. Por ello, una cantidad de placa que antes apenas provocaba molestias puede desencadenar una reacción inflamatoria más intensa. Esta situación puede favorecer la denominada gingivitis del embarazo, especialmente a partir del segundo trimestre de gestación.
Por este motivo, mantener una higiene dental cuidadosa durante el embarazo resulta especialmente importante. Las revisiones odontológicas permiten detectar la inflamación en sus primeras fases y tratarla de forma adecuada, evitando que un problema aparentemente leve termine afectando a la salud periodontal. La prevención y el seguimiento profesional son las mejores herramientas para mantener unas encías sanas tanto durante el embarazo como en el resto de la vida adulta.
La complicación.
Una gingivitis no tratada evoluciona a periodontitis. Una infección de las encías más grave.
En la periodontitis, la acumulación de placa y sarro deja de afectar únicamente a la superficie de la encía y comienza a avanzar hacia el espacio que existe entre el diente y el tejido gingival. Allí se acumulan bacterias y se forman bolsas que van introduciéndose más en profundidad en el interior de la encía, progresivamente.
A medida que estas bolsas aumentan, la infección afecta a los tejidos que mantienen el diente sujeto. La inflamación puede dañar la encía, las fibras que unen la pieza dental con el hueso y, en fases avanzadas, el propio hueso alveolar. Por este motivo, la periodontitis constituye una de las principales causas de pérdida de dientes en adultos. Además, al deteriorarse las estructuras de soporte, las piezas pueden comenzar a moverse, presentar mayor sensibilidad o resultar dolorosas al masticar.
La enfermedad puede presentar distintos niveles de gravedad. En sus primeras etapas, la inflamación y el sarro provocan una separación entre la encía y el diente. Cuando la periodontitis progresa, la bolsa periodontal se hace más profunda y permite que las bacterias avancen hacia la raíz. En los casos más avanzados, la destrucción de los tejidos de soporte es considerable y puede comprometer la estabilidad de varias piezas dentales.
El problema no se limita necesariamente a la boca. La inflamación puede favorecer el paso de bacterias al torrente sanguíneo. Esta circunstancia ha llevado a estudiar la posible relación entre la periodontitis y diferentes enfermedades que afectan a otros órganos.
La relación entre enfermedad periodontal y problemas cardiovasculares ha sido objeto de numerosas investigaciones. Varios estudios han analizado esta conexión y señalan una asociación entre las formas graves de periodontitis y determinadas enfermedades cardiovasculares.
Una de las hipótesis estudiadas explica que las bacterias procedentes de los tejidos periodontales pueden alcanzar la circulación sanguínea. Además, la inflamación generada por la infección periodontal puede contribuir a procesos que afectan al funcionamiento de los vasos sanguíneos. Entre ellos se encuentra la aterosclerosis, caracterizada por la acumulación de placas en las paredes de las arterias, que pueden reducir progresivamente su diámetro.
En determinados casos, la evolución de estas placas puede favorecer la formación de coágulos y aumentar el riesgo de complicaciones cardiovasculares, como trombosis o infartos. Por ello, aunque la relación entre ambas enfermedades continúa siendo objeto de investigación, mantener las encías en buen estado no solo es importante para conservar los dientes, sino también para cuidar la salud general.
La prevención.
Los odontólogos de HQ Tenerife, una red de clínicas dentales de esta isla canaria que combinan las últimas tecnologías en el sector con la investigación de las técnicas más avanzadas, señalan en el blog de su página web que la mejor herramienta que tenemos para prevenir la aparición de la gingivitis es seguir una correcta higiene bucodental. Así de sencillo.
Y es que la gingivitis aparece, fundamentalmente, por tener una higiene dental deficiente. Por no cepillarnos los dientes todos los días al menos tres veces, después de las comidas, y por no usar hilo dental.
Cuando no nos cepillamos los dientes, la placa bacteriana se solidifica en la base del diente emergido, formando sarro. Este es uno de los primeros pasos para empezar a infectar la encía y para abrir una grieta entre la línea de la encía y el diente, que facilite que la placa bacteriana penetre en el interior de los tejidos blandos y, por tanto, que vaya gestándose la periodontitis.
Cuando nos cepillamos los dientes, es recomendable no ejercer demasiada presión cuando nos acercamos al área gingival y mantener en todo momento el cepillo dental en un ángulo de 45º respecto a la encía y el diente.
No debemos olvidarnos de utilizar el hilo dental al menos en uno de los cepillados diarios o emplear cepillos de dientes interdentales. Para efectuar una limpieza más profunda.
Si notamos que nuestras encías son demasiado sensibles, es conveniente comentárselo a nuestro dentista, para que nos recomiende una pasta dentífrica adecuada y si lo estima oportuno, un colutorio sin base de alcohol, para eliminar la mayor cantidad de placa bacteriana posible. Previniendo así una posible infección.
La alimentación también es importante.
Los déficits de vitamina D y E, como comentan los odontólogos de HQ Tenerife, debilitan nuestras encías y las hacen más proclives a padecer infecciones periodontales.
La vitamina C desempeña un papel importante en el mantenimiento de unas encías sanas, ya que participa en la formación del colágeno y contribuye a conservar la resistencia de los tejidos que rodean los dientes. Una alimentación pobre en este nutriente puede favorecer que las encías sean más frágiles y sangren con mayor facilidad.
Podemos obtener vitamina C a través de frutas y verduras. Los cítricos, como la naranja, el limón y el pomelo, son fuentes conocidas, pero también la encontramos en el kiwi, las fresas, las frambuesas y alimentos vegetales como el pimiento. Para conservar mejor esta vitamina, resulta recomendable consumir estos alimentos frescos y poco procesados. Una ensalada con hojas verdes, fresas, frutos rojos y pimiento puede ser una forma sencilla de incorporarla a la alimentación cotidiana.
La vitamina D es importante para la salud de la boca, especialmente por su relación con el metabolismo del calcio y la conservación de las encías. Puede obtenerse mediante la alimentación, aunque también interviene la exposición solar, ya que el organismo es capaz de sintetizarla a través de la piel.
Entre los alimentos que aportan vitamina D destacan especialmente los pescados grasos, como el salmón, las sardinas, la caballa o el atún. También podemos encontrarla en determinados productos lácteos, como la leche, el queso y algunos yogures, especialmente cuando están enriquecidos con esta vitamina. Los huevos y algunos alimentos fortificados complementan su aporte.
Además, los pescados azules proporcionan ácidos grasos omega-3, entre ellos EPA y DHA. Estas grasas han sido estudiadas por su posible efecto sobre los procesos inflamatorios y pueden contribuir al mantenimiento de los tejidos de la boca. Por ello, incluir pescado azul varias veces por semana dentro de una alimentación equilibrada puede ser una buena estrategia para cuidar tanto la salud general como la de nuestras encías.
Cómo se trata la gingivitis en la clínica.
Si llevando una alimentación adecuada y siguiendo una correcta rutina de higiene dental no hemos conseguido evitar la aparición de la gingivitis, debemos saber que podemos curarla en gran medida con una limpieza bucal profesional, también conocida como profilaxis.
La profilaxis dental es uno de los tratamientos clínicos más habituales para controlar la gingivitis, ya que permite eliminar depósitos que la higiene diaria no consigue retirar por completo. Aunque el cepillado, el hilo dental y los cepillos interdentales son imprescindibles, tienen una limitación importante: no pueden eliminar el sarro una vez que se ha endurecido sobre la superficie dental.
La limpieza profesional comienza con una revisión de dientes y encías para localizar acumulaciones de placa y de sarro. A continuación, el odontólogo o higienista utiliza habitualmente instrumental ultrasónico, que combina vibración y agua para desprender el sarro adherido, incluso en zonas próximas a la línea gingival. Después pueden emplearse instrumentos manuales para completar la eliminación de los depósitos.
Una profilaxis convencional no debe confundirse con tratamientos periodontales más profundos. Cuando la gingivitis ha evolucionado hacia una periodontitis y existen bolsas periodontales, puede ser necesario realizar un raspado y alisado radicular o curetaje. En este procedimiento se trabaja por debajo de la encía para eliminar el sarro y las bacterias acumuladas en el interior de la encía. La profilaxis, en cambio, está orientada a controlar la placa y el sarro superficial y prevenir la progresión de la enfermedad.
La limpieza profesional también puede incluir la eliminación de manchas externas provocadas por café, té, tabaco u otros productos. Para ello pueden utilizarse sistemas de pulido o aeropulido. Finalmente, en algunos casos se aplica flúor para reforzar el esmalte.
La profilaxis no sustituye al cepillado diario, sino que lo complementa. Mantener una buena higiene en casa y realizar revisiones periódicas permite controlar mejor la acumulación de placa y reducir el riesgo de que una inflamación gingival evolucione hacia problemas periodontales más graves.



