Los retos de la educación primaria y cómo afrontarlos

Los retos de la educación primaria y cómo afrontarlos

Hay ciertos desafíos que deben enfrentar las instituciones educativas, y los profesores que son parte de ellas, de forma que puedan mantenerse a la vanguardia y ofrecer a los estudiantes una experiencia formativa que sea acorde a los tiempos actuales.

El personal involucrado en el proceso de enseñanza debe estar al corriente de estos y conocer las herramientas necesarias para afrontarlos. Por lo que hemos elaborado un listado de los principales para ayudarles a identificarlos y a lograr los objetivos académicos deseados a pesar de ellos. Nuestros amigos de Preparadores para Oposiciones de Primaria nos los explican:

Encontrar el equilibrio entre tradición y vanguardia

El primer desafío es aprender a responder a los cambios que la vida actual nos propone. Las dinámicas laborales de los padres de familia, los nuevos estilos de paternidad y crianza e incluso los nuevos modelos de familia, nos obligan a actualizar nuestros planes de estudio para que se mantengan vigentes y acorde a las necesidades de nuestro contexto.

A su vez, estos cambios deben tener sus cimientos en el modelo de educación tradicional que contiene los valores que siempre nos han identificado como instituciones educativas.

Así,  todo cambio propuesto debe hacerse con la convicción de ofrecer competencias que preparen a nuestros estudiantes para la vida y en la vida como es en la actualidad sin abandonar los valores de siempre.

Motivar a los estudiantes a hacerse responsables de sus propios procesos

En la formación de los estudiantes hay tres factores implicados en el proceso de formación:

  • La escuela.
  • Los padres de familia.
  • Y los estudiantes mismos.

Las escuelas primarias deben invertir esfuerzos en la preparación académica de los estudiantes para que ellos destaquen en los ámbitos de su elección; lo cual, no puede lograrse si los mismos estudiantes no ponen su granito de arena cumpliendo con sus responsabilidades académicas.

 Mantener la escuela como una institución de puertas abiertas

Las escuelas deben proporcionar un ambiente en el que las mamás y los papás pueden tener la confianza para proponer actividades extraescolares que refuercen el sentido de comunidad, y que puedan sentirse cercanos al proceso formativo. Por eso, tal y como aseguran desde el colegio Madre de Dios Ikastetxea, es primordial que el colegio forme un tándem con  la familia y que permanezca siempre accesible ante consultas o propuestas.

Fomentar un ambiente de respeto y compañerismo entre los alumnos

En la escuela es donde se suelen aprender los comportamientos sociales que impactarán directamente en las relaciones futuras de nuestros estudiantes.

Promover la labor social

Se debe promover la importancia de trabajar no solo para la satisfacción individual sino que también para mejorar y tener un impacto positivo dentro de la sociedad de la cual formamos parte.

Por ello, deben proponerse actividades altruistas en la que los alumnos participen de acuerdo a sus posibilidades y según la edad.

Generar comunidad

La escuela debe ser un lugar en donde se desarrollen lazos de amistad y convivencia que incluso puedan llegar hasta sentirse como una segunda familia.

Inclusión educativa

Se debe fomentar la integración de  estudiantes con necesidades y procesos de aprendizaje específicos, como podría ser un estudiante con Síndrome de Down, ajustando nuestros programas a sus requerimientos pero sin hacer distinciones en términos de beneficios y responsabilidades.

Transitar al sistema bilingüe

Hay centros educativos que trabajan con una metodología bilingüe, de forma que mitad  del día se llevan las asignaturas en Español y la otra mitad del día se refuerza el aprendizaje del Inglés. Sin embargo, esto puede ser un choque para algunos estudiantes y las instituciones, en vista de ello, deberían procurar una transición que intente tomar en cuenta los ritmos de adaptación de los alumnos.

Educar personas, no solo profesionales

“A veces se olvida que la educación tiene un componente de carácter social que también estamos obligados a desarrollar. Se trata de equilibrar las propias finalidades de la educación entre la capacitación laboral y la educación como formación de ciudadanos en nuestra sociedad”, señala Albert Sangrà, director de la Cátedra UNESCO.

Así, las empresas deben formar individuos preparados para ingresas al sistema universitario, pero que también sean individuos con moral y valores que transmitir a su sociedad.

Aprender a utilizar mejor la tecnología

Como explica el catedrático de la UOC, la pandemia ha demostrado que continúa habiendo desigualdades en lo referente al acceso a las tecnologías.

“Lo que pensábamos que sabíamos con respecto al uso de la tecnología en la educación no es suficiente, porque en realidad la hemos utilizado solamente como mero instrumento para continuar haciendo lo que hacíamos”, afirma añadiendo que lo que deberíamos hacer es un replanteamiento de los procesos educativos y cómo tienen que llevarse a cabo ahora que tenemos un montón de avances tecnológicos a nuestra mano.

“Los profesores deben alcanzar el grado máximo en su competencia digital docente”, asegura Albert Sangrà.

El gran reto: motivar a los alumnos

Ya vimos cuales son los retos principales del sistema educativo, sin embargo el reto pro excelencia con el cual  se enfrentan los profesores en su día a día es el de crear un ambiente que propicie el buen trascurso de la clase y que motive al alumno a tomar parte activa en la misma.

De hecho, de los 2.174 casos que atendió el curso pasado el Defensor del Profesor de ANPE, el 21% era por problemas para dar clase, ya que, en ciertos contextos, no existe el clima adecuado en el aula y surgen las llamadas “conductas disruptivas”.

“Puede haber absentismo, pérdidas de tiempo, interrupciones, conflictos o actitudes agresivas con los compañeros”, explica Olga Adroher, profesora colaboradora del Máster de Profesorado de la Universitat Pompeu Fabra y la Universitat Oberta de Catalunya.

En este sentido, Paola Ferrando, profesora de inglés y autora de la investigación Gestión del aula: Estrategias clave para el cambio, premiado como mejor trabajo final de máster (TFM) del citado máster el pasado curso, cree que “aunque no existen fórmulas mágicas que sirvan para todos los alumnos ni un conjunto de reglas que se puedan aplicar de forma automática al margen del grupo”, sí se pueden tomar medidas que faciliten un clima favorable para la adquisición de conocimientos:

«Lo importante es dedicar mucho tiempo a conocer a tus alumnos, tanto de forma individual como dentro del grupo. También hay que saber si tienen problemas fuera del colegio, y eso es muy difícil. Para ello, debemos generar una confianza, observar mucho las dinámicas y consensuar rutinas. Es un trabajo que puede llevar tres, cuatro o cinco meses”.

Mientras que otra experta, Olga Adroher, defiende una manera similar de afrontar el problema:

“Debemos generar empatía con los alumnos, buscar complicidades y motivarles, porque en ocasiones la desmotivación puede crear conflictos en el aula. Este es uno de los principales retos que en estos momentos tiene el profesorado. Los docentes deben conseguir que sus alumnos comprendan cuánto les puede ayudar la formación y lo útiles que son los conocimientos”.

Para lograrlo, los expertos creen que es fundamental crear una cultura del aula, que incluya el trabajo con valores como el diálogo, la escucha activa, la tolerancia, etc. “Hay que trabajar qué valores van a regir en el aula y qué significan para los alumnos. Por ejemplo, el respeto. Decimos muchas veces que no se puede faltar al respeto al profesor o al resto de alumnos. Es un mensaje muy manido, pero, ¿saben los alumnos qué significa el respeto? ¿Por qué no empezar planteándose si les molesta que alguien les haga tal cosa o les diga tal otra?”, explican.

Por otro lado, también consideran fundamental trabajar el terreno emocional y la motivación: “Pasaría, en parte, por las muestras de reconocimiento hacia el alumno, por hacerle partícipe de su proceso de aprendizaje mediante la autoevaluación de la asistencia, la participación, etc.”,.

Además, también hay que negociar las normas con los alumnos: “Es muy interesante y divertido. Suelen ser muy duros al poner ellos las reglas, luego se arrepienten y hay que renegociarlas. Pero en general, las normas pactadas las cumplen mucho más. Ellos mismos reaccionan cuando alguien se las salta y comete una falta de respecto, grita en medio de clase, etc. Ese es un objetivo ideal para grupos disruptivos: que ellos solos aprendan a controlarse o que los propios alumnos digan a un compañero que salga de clase cuando vean que va a haber problemas”.

Finalmente, también hay que tomar medidas preventivas y correcciones no invasivas basadas en el refuerzo positivo, la mediación, evitar el enfrentamiento entre profesor y alumno, etc. Ni los castigos ni las amenazas suelen funcionar, especialmente con los grupos más conflictivos, en los que pueden incluso aumentar la hostilidad y el enfrentamiento, por lo que es más eficaz recurrir a otro tipo de refuerzos.

Estas medidas está comprobado que dan resultado en cualquier aula, incluso en las de mayor complejidad o en aquellas en las que el alumno debe ser muy autónomo y tener unas bases muy sólidas a la hora de relacionarse con los demás.

Eso sí, los docentes deben trabajar todos estos aspectos de forma continua, sin dejarlas de lado nunca: “Aprender a gestionar un grupo de alumnos es cada vez más necesario y de un tiempo a esta parte se ha convertido en un aspecto fundamental. Además, la vida y el entorno cambian constantemente, lo que afecta a dicha gestión y obliga al profesor a adaptarse a ello”.

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