Resulta inevitable que un mal lleve a otro. A veces una pequeña china en el camino, acaba por convertirse en un muro de hormigón. En muchas ocasiones sin que sepamos cómo ha pasado. Del mismo modo que en la vida, la sucesión de acontecimientos, suele estar íntimamente ligada, sin que tengamos claro el como un hecho lleva a otro, en la salud, sucede lo mismo. Es muy frecuente empezar con una leve molestia y terminar con un diagnóstico de mayor envergadura.
Sin embargo, aunque solemos marcar la diferencia entre salud física y mental, existe una clara y directa relación en infinidad de casos. El hecho de que la salud mental haya estado demonizada durante siglos, no quiere decir que, muchas veces ni siquiera haya existido como tal. Es más, en muchas ocasiones, la aparente enfermedad mental, es consecuencia directa de un problema físico. Por suerte, los tiempos han cambiado y ya no vemos los problemas que afectan a la psique como algo tan negativo. Cada vez aceptamos más y con mayor facilidad, el hecho de que la mente, sufre. Los trastornos psicológicos y psiquiátricos son realidades emocionales y físicas, no cosa del demonio y los espíritus. La locura, se cura y a veces, no es locura.
Ninguno estamos libres de sufrir enfermedades, sean del tipo que sean o tengan la gravedad que tengan. En algún momento de la vida, muchos pasaremos o hemos pasado por alguna enfermedad física de gravedad o que hará que cambien nuestra vida. Tanto la enfermedad como el tratamiento de la misma, puede afectar la forma de pensar y sentir de la persona. Por lo que vamos a tratar en este artículo aspectos relacionados con lo que puede suponer una enfermedad física, a nivel mental. Porque la “locura” no siempre aparece porque sí.
En qué manera afecta una enfermedad física
Aquellos que no han sufrido o conocen de forma directa a alguien que sufra una enfermedad física importante, deben tener en cuenta que, padecer o desarrollar este tipo de enfermedades, puede afectar a todos los ámbitos de la vida. Tanto a nivel laboral, siendo necesario dejar el trabajo, trabajar menos o cambiar de actividad, como en las actividades cotidianas, porque resulte difícil participar en ciertas actividades o reunirse con amigos y familiares. Al mismo tiempo, una enfermedad física puede mermar la economía o requerir de un periodo de hospitalización o frecuentes visitas el médico.
Todo esto, como nos señala Soraya Sánchez, Psicología como profesional de la salud mental, puede afectar de forma directa a la forma de pensar y sentir. El estrés que pueden generar estas situaciones, es comprensible. Quien la padece puede sentirse ansioso respecto a ciertas circunstancias como los resultados de un análisis, o la planificación de algunas actividades. Al mismo tiempo, las enfermedades físicas pueden hacer sentir que se pierde el control sobre el cuerpo y la vida, lo que puede resultar frustrante. A nivel de relaciones, las enfermedades hacen que quien las sufra se sienta solo y aislado, debido a que a veces se opta por no compartir los sentimientos para no incomodar o se siente incomprensión por parte de los demás.
Enfermar puede hacer que uno se cuestione todo lo que le rodea y su compresión sobre lo que es justo y correcto. En personas religiosas, su fe puede verse afectada.
Con todo esto, lo que queremos decir es que las enfermedades físicas, repercuten de forma negativa en la salud mental en muchas ocasiones. Llegado el caso, es posible encontrar ayuda, puesto que los que cuidan de la salud física, suelen preocuparse por saber si se necesita ayuda en lo relativo a la salud mental.
Sufrir una dolencia física, puede afectar a la salud mental de diversas formas, en función de quien sea la persona y su manera de afrontar la vida y, por supuesto, de lo que esté pasando. Algunos de los síntomas de que algo no va bien y puede verse afectada la salud mental, son la ansiedad o la depresión.
Cuando se produce ansiedad, la preocupación es continua, se es incapaz de relajarse, se notan cambios en el ritmo cardíaco, la respiración o la digestión. En caso de depresión, reina la infelicidad, el cansancio se hace notar, junto a la inquietud, los cambios en el sueño, la dieta o el interés por el sexo. Desaparecen las ganas de relacionarse con otras personas.
Otro síntoma que puede darse es un trastorno de adaptación, lo cual es perfectamente comprensible, y se hace notar con la incapacidad de dejar de pensar en la enfermedad, la preocupación o angustia al pensar en ella, o que resulta difícil afrontar la situación, siendo posible que se actúe de manera que repercuta negativamente.
En cualquier caso, las personas que rodean a quien padece la enfermedad, se percatan de que se actúa de forma diferente, no quiere acceder a los tratamientos o falta a las citas médicas. Además del cansancio, la falta de sueño y la pérdida de apetito.
Algunos de estos síntomas, por llamarlos de algún modo, pueden ser consecuencia de los tratamientos médicos. Lo que puede dificultar que tanto la persona enferma como su entorno, determinen si lo que pasa está o no, dentro de lo normal.
Probabilidades de desarrollar un trastorno mental por un problema de salud física
Evidentemente, sobra decirlo, no todas las personas que sufren una enfermedad física, experimentan un problema de salud mental. Lo que sí es más probable es que aquellos que sufren enfermedades físicas durante mucho tiempo, desarrollen niveles más bajos de bienestar mental. Existen algunas investigaciones que demuestran que hay relación entre enfermedades como el cáncer, la diabetes, el asma, la presión arterial alta o la epilepsia, con los trastornos mentales. Aunque no son las únicas que pueden afectar, eso va en función de diversos aspectos, siendo la probabilidad de sufrir depresión en estos casos dos o tres veces superiores.
De cualquier modo, la relación entre una enfermedad física y los trastornos metales, no siempre queda clara. Depende de cómo sea la persona o el tipo de enfermedad física o mental que sufra, puede llevar a desarrollar un trastorno mental, estar relacionada con el o simplemente, producirse en el mismo momento, sin tener relación.
A continuación, citaremos algunos de los factores que pueden contribuir de forma directa a que se desarrolle una mala salud mental:
- El estrés, puesto que sufrir una enfermedad física puede resultar muy estresante y esto, puede afectar de forma negativa a la salud mental.
- Los tratamientos farmacológicos, ya que muchos de ellos afectan al funcionamiento del cerebro, como por ejemplo los esteroides que provocan cambios de humor y síntomas psicóticos.
- Las enfermedades físicas que afectan a la forma en la que funciona el cerebro, como por ejemplo el hipotiroidismo que, hace que se sea más propenso a sufrir depresión o ansiedad.
En consecuencia, es más posible que se tenga mala salud mental en caso de enfermedad física cuando se han padecido anteriormente, problemas de salud mental o se le ha diagnosticado alguna enfermedad mental. En el caso de no contar con familiares o amigos con los que hablar. Cuando se tienen otros problemas o existen factores estresantes en la vida, como la pérdida del trabajo, un divorcio o el fallecimiento de un ser querido. A veces, incluso cuando el cambio es positivo, puede verse afectada la salud mental.
Si la enfermedad que se padece causa mucho dolor o se trata de una enfermedad terminal o que impide que se cuide por sí solo, aumentan las probabilidades de caer en un problema de salud mental.
Llegado el momento en que se empieza a sentir que algo no va bien en la azotea, es necesario buscar ayuda. Si se padece una enfermedad física, es de esperar que se produzca ansiedad y se asome el desánimo. Sin embargo, cuando se producen las siguientes circunstancias, conviene pedir ayuda:
- Se ha padecido previamente algún problema de salud mental y los síntomas se repiten.
- Si se siente peor que antes y no se mejora con el tiempo.
- Si se nota que los sentimientos afectan a las relaciones, el trabajo, los intereses o la vida cotidiana.
- Si se tiene la sensación de que la vida no vale la pena.
En estos casos, pedir ayuda no suele resultar fácil pero hablar con alguien de confianza, sobre lo que se siente y el porqué, puede tener un impacto positivo. A veces, es suficiente hablar las cosas en voz alta para poder salir de ese pozo. Si es necesario recibir más apoyo o ayuda profesional, los profesionales de la salud, están preparados para brindar el apoyo necesario y remitir al profesional más adecuado. Hay que perder el miedo y no pensar en lo que los demás, puedan pensar.
Como respuesta a las probabilidades de que se padezca algún problema de salud mental a consecuencia de uno de salud física, está claro que, las mismas aumentan. Lo que no quiere decir, ni mucho menos, que siempre que se produzca un problema físico haya que estar pensando que vaya darse uno mental. Son muchos otros los factores que hacen que se produzca un problema de salud mental, lo importante es prestar atención y al mínimo síntoma, se busque la solución.



