Yo esto no lo sabía, no lo había pensado nunca porque una no se espera estas cosas. Tú vas sentada en el coche al lado del conductos y vas tranquila, porque crees que, como no conduces, no tienes que preocuparte por nada… pero no es así.
Yo me enteré porque me pasó. Y la verdad, me vi sola. No sabía ni por dónde empezar.
Os cuento lo que me pasó, por si a alguien le ayuda
Estaba cambiando de vida, me iba a otra ciudad. Buscaba casa, no tenía coche, iba cargada con bolsas, con cajas, con todo. Conocí a una chica por una página de compartir piso. Hablamos por mensajes, parecía simpática y me dijo que me podía recoger en la estación, con el coche. Me pareció bien. Yo no conocía a nadie allí, así que me venía bien.
Me recogió, metimos las cosas en el coche y arrancamos. Yo iba de copiloto. Hablábamos poco, yo estaba cansada, llevaba mucho viaje encima. Todo iba bien, normal. Pero al llegar cerca de su casa, en una rotonda, no sé qué pasó que ella no frenó. No vio el cartel de “ceda el paso” y en ese momento venía una moto. No iba rápido ni nada, pero se la tragó.
Yo lo vi todo a cámara lenta. El motorista salió volando, cayó al suelo con fuerza. El casco rodó por un lado, las gafas por otro. Yo pensé: “Está muerto…”. Me quedé clavada, no me podía mover. Me temblaba todo. Ella se bajó corriendo, llorando. Yo me quedé en el asiento sin poder hacer nada. No sabía qué hacer, fue horrible.
Al final, el motorista no murió, se lo llevó la ambulancia. Estaba mal, pero estaba vivo. A mí me dolía el cuello y el hombro. No tenía sangre ni huesos rotos, pero no podía dormir bien. Me despertaba con el susto, me costaba respirar… ya cada vez que cerraba los ojos, veía al hombre por los aires.
Y ahí empezó todo el lío.
Yo no sabía si tenía que hacer algo
Yo pensaba que como no conducía y la culpa no era mía, pues no tenía que hacer nada, pero los días pasaban y me dolía más el cuello y la cabeza. Dormía mal, me despertaba nerviosa. Me empecé a preocupar. Una amiga me dijo: “Ve al médico, por si acaso”. Y fui. Me atendieron en el centro de salud. Me miraron y me dijeron que tenía una contractura en el cuello, que era por el golpe. Me dieron pastillas y reposo y me dijeron que, si me ponía peor, volviera.
Y menos mal que fui. Porque si no vas al médico, luego no puedes demostrar nada. No hay papel, no hay prueba. Yo no lo sabía, pero eso es muy importante.
¿Y quién me iba a pagar a mí?
Ahí ya me hice un lío. Yo pensaba que, como la chica era la que conducía, pues ella tenía que pagarme. Pero me dijeron que no, que ella no, que tenía que hacerlo su seguro. Que si vas de pasajera, el seguro del coche tiene que pagarte los daños, aunque no sea tu culpa. Da igual quién tenga la culpa, si la conductora o el de la moto. Tú eres pasajera y tienes ese derecho. Eso me sorprendió.
Yo pensaba que, como no conducía, no pintaba nada, pero no era así. Me dijeron que, como yo iba en el coche, tengo derecho a que me paguen por lo que me pasó. Por el dolor, por los días malos, por todo.
Eso me tranquilizó un poco, pero tampoco sabía cómo hacerlo. ¿Dónde se va? ¿A quién se llama?
¿Y cómo haces todo eso si no entiendes de leyes?
A mí me hablaban de informes, de peritos, de atestados y de cosas raras. Yo no sabía ni lo que era eso. Me daba miedo preguntar, por si parecía tonta. Me sentía muy pequeña, pero mi prima me dijo: “Llama a un abogado y que te expliquen. No pierdes nada”. Y eso hice.
Busqué en internet y encontré unos abogados que se llaman Abogados-Unidos. Les escribí y me dijeron algo que se me quedó grabado en la cabeza: “Como pasajera, tienes derechos. No eres culpable de nada, tienes que cuidar tu salud. La indemnización es tu derecho, no es un favor”.
Eso me dio paz.
¿Qué hizo el abogado?
Pues el abogado que contrató lo hizo todo él, yo solo le llevé los papeles del médico y le conté lo que pasó. Él pidió los informes, el atestado de la policía y miró lo del seguro. Me preguntó cómo me encontraba, cuántos días estuve mal, si podía dormir, si dejé de trabajar… Le conté todo. Que estuve con mareos, sin poder leer y sin ganas de nada.
Y me dijo que no hablara con el seguro sin él, que ellos llaman rápido y te ofrecen dinero. A mí me llamaron y tenían razón, me ofrecieron una buena cantidad. A mí me parecía mucho, porque yo no tengo ni idea de estas cosas. Pero mi abogado me dijo que no, que era poco. Y menos mal, porque luego me consiguieron más.
No fue una fortuna, pero fue justo. Me pagaron los días de baja, el dolor, el cuello y también algo por la parte mental. Porque yo estuve muy mal de ánimo, y eso también cuenta.
¿Hay que pagar al abogado?
Yo tenía mucho miedo de eso porque no tenía dinero. Pensaba que los abogados eran caros, pero me dijeron que no tenía que pagar nada al principio, que ellos cobraban solo si yo cobraba. Que era a porcentaje. O sea, que si no conseguía nada, ellos tampoco. Eso me dejó tranquila.
Cuando llegó la indemnización, ellos cogieron su parte y ya está, yo no tuve que adelantar ni un euro. Y me pareció bien.
Porque sin ellos, yo no hubiera conseguido nada. Ni habría sabido cómo hacerlo.
¿Y cuánto tiempo tienes para reclamar?
Esto es importante. Me lo dijeron muy claro: solo tienes un año desde el accidente. Si pasa más de un año, ya no puedes reclamar nada. Así que si alguien está leyendo esto, y le pasa algo así, que no lo deje, que lo mueva cuanto antes. Porque si esperas mucho, luego ya no vale.
Aunque no te duela mucho al principio, ve al médico. Apunta todo y guarda los papeles. Porque luego te lo piden, y si no tienes nada, no puedes reclamar.
¿Y qué pasó con la conductora?
Yo no me fui a vivir con ella, no me sentía bien. No por rencor, pero no me salía. Ella me escribió y me pidió perdón. Me dijo que fue un despiste, y yo no la culpé, pero tampoco quise seguir con ella. Me busqué otra casa.
Su seguro pagó todo, al motorista y a mí. Ella no tuvo que pagar de su bolsillo, creo. Pero tampoco hablé mucho con ella después. Cada una siguió su camino.
¿Y con el motorista?
Solo sé que no murió. Le llevaron en ambulancia al hospital, donde estuvo ingresado varios días. No sé cuánto tiempo, pero me dijeron que las heridas fueron serias. Luego él también puso su reclamación para pedir una indemnización por las lesiones, que tenía derecho a ello, y le pagaron. No tuvo culpa de nada, porque él iba bien, por su carril y sin ir rápido. Fue el coche el que se saltó el ceda y le golpeó.
A veces me acuerdo de él, de cómo voló por el aire y cayó al suelo. Me dio mucha pena porque no pude hacer nada para ayudarle. Ese recuerdo se quedó grabado en mi cabeza. No supe más de él después, nadie me contó qué pasó con su recuperación ni cómo siguió su vida. Pero espero que esté bien y que haya podido salir adelante.
Porque ese accidente cambió su vida igual que cambió la mía.
Lo que aprendí
Aprendí que, aunque no sepas de leyes, hay gente que sí sabe, que te ayudan. Que aunque no conduzcas, tienes derechos. Que si vas de copiloto y hay un accidente, tienes que mirar por ti.
También aprendí que los seguros no te lo van a poner fácil. Te ofrecen poco, te lían. Y si no sabes, te lo comes. Por eso es mejor tener a alguien que entienda. Que te defienda.
Y también que no hay que tener miedo de pedir ayuda. Que hay abogados buenos, que no te hablan raro, que no te hacen sentir tonta. Que te explican todo con calma. Y eso vale mucho.
¿Lo volvería a hacer?
No lo sé. Antes me subía al coche con cualquiera, ahora ya no, me lo pienso más. Me da miedo, porque aunque tú no hagas nada, lo puedes pasar muy mal.
El golpe pasa, pero el susto se queda. A veces sueño con eso y me despierto nerviosa. Y no es justo, porque yo solo iba sentada. Pero la vida es así.
Por eso lo cuento, por si a alguien le sirve, que sepa que no está solo. Que aunque no sepas hablar bien ni explicar nada, tienes derecho. Y que hay gente que te ayuda. Solo hay que buscar.



